Todas las oficinas tienen trabajo que se hace a mano una y otra vez: pasar papeles al ordenador, escribir el mismo correo con otros datos, perseguir presupuestos que nadie contesta.
Vamos, lo medimos con un cronómetro, y te decimos con números qué se puede resolver, cuánto tiempo recuperas y qué cuesta. Sin humo y sin palabras raras.
No hace falta ser una empresa grande para perder muchas horas al mes. Basta con hacer lo mismo todos los días.
Alguien toma datos a mano fuera y luego otra persona los teclea, línea por línea, en el ordenador de la oficina.
Confirmaciones, avisos, respuestas a las dudas de siempre. Cambian dos datos y se vuelve a escribir entero.
Se envían y nadie los persigue de forma sistemática. No es solo tiempo: son ventas que se pierden por olvido.
Se apunta en una hoja, luego en el programa y a veces también en un cuaderno. Tres veces el mismo trabajo.
En este orden y sin saltarnos pasos. Primero medimos y después proponemos — nunca al revés.
Una conversación para entender el negocio y dónde notas tú que se va el tiempo. Salimos con las cosas claras o te decimos que no encajamos.
Vemos trabajar a tu equipo y cronometramos las tareas reales. Te entregamos un informe con las horas y el dinero que se van, qué proponemos resolver y qué costaría.
Solo lo que sale a cuenta. Empezamos por lo que más duele y por una primera versión pequeña que funcione pronto.
Para que siga funcionando y no lo descubras tú cuando falle. Cada mes te enviamos cuántas veces ha trabajado y cuántas horas te ha ahorrado.
Nos parece tan importante como lo que sí hacemos.
Trabajamos alrededor: el correo, las hojas de cálculo, los documentos. Lo que te factura y te lleva las cuentas se queda como está.
Quitamos el trabajo aburrido, no los puestos. Las decisiones las sigue tomando tu gente, siempre.
Todo empieza en modo borrador: propone y una persona revisa. Cuando ya confías, se le suelta la mano.
Dos personas, no una consultora. Con quien hablas es con quien hace el trabajo.
Viene del mundo contable y fiscal, así que entiende cómo funciona una empresa pequeña por dentro. Se encarga del diagnóstico, de la formación y de que todo se explique en cristiano.
Desarrollador. Construye y mantiene lo que se queda funcionando en tu empresa, y se ocupa de que si algo falla nos enteremos nosotros antes que tú.
Somos jóvenes y hemos crecido con estas herramientas. Eso es justo lo que nos permite saber qué se puede delegar hoy a una máquina y qué todavía no — que es más difícil de acertar de lo que parece.
Dos líneas sobre a qué os dedicáis y qué os quita más tiempo. Contestamos siempre, y si no somos lo que necesitáis te lo decimos.
Trabajamos presencialmente en la provincia. Para el resto, hablamos y lo vemos.